Volvió a casa la fragata que a los 63 años sigue ganando por velocidad
El sábado pasado la Libertad entró a Dársena Norte escoltada por medio centenar de veleros, después de 161 días y nueve puertos. Es su viaje número 54; en enero recibió su décimo Boston Teapot, el primero en 18 años.
El sábado 19 a la tarde, el muelle de Dársena Norte era una fila de carteles con nombres. Cientos de familiares y amigos habían llegado desde temprano, y cuando la fragata Libertad enfiló hacia el Apostadero Naval de Buenos Aires la seguía un enjambre de medio centenar de veleros autoconvocados y buques de la Armada que habían salido a buscarla al río. Se cerraba el 54° viaje de instrucción: 161 días, unas 15.900 millas, escalas en Brasil, Estados Unidos, Jamaica y Puerto Rico, y el desfile de grandes veleros en Nueva York (Estados Unidos) por los 250 años de la independencia norteamericana. Setenta años después de tocar el agua, el barco volvía a amarrar donde siempre.
Es una fragata, un velero de tres palos cruzados con velas cuadras: 104 metros de eslora, 27 velas que suman 2.652 metros cuadrados, casco de acero soldado, palos también de acero y cubierta de teca. Salió del Astillero Río Santiago, en Ensenada (Buenos Aires), después de diez años de obra: la quilla se puso en diciembre de 1953, el casco se botó el 30 de mayo de 1956 y el pabellón se afirmó, es decir, entró en servicio, el 28 de mayo de 1963. Fue una obra larga y cara para su época. Según documentos del Ministerio de Marina relevados por los investigadores Yamila Cáceres y Facundo Picabea, terminó cinco años después de lo previsto.
El casco lo diseñó Amelio D'Arcangelo, un oficial nacido en Tres Arroyos (Buenos Aires) que se recibió en la Escuela Naval en 1937 y siguió con un posgrado de ingeniería naval en el MIT, en Estados Unidos. Antes de dibujar la fragata se puso a estudiar los clippers, los veleros mercantes más veloces del siglo XIX, que competían por llevar primero el té de China a Londres (Reino Unido). Tomó las formas de esos cascos, hechos para la velocidad, y las adaptó a un barco de su tiempo. D'Arcangelo se retiró de la Armada en 1953, el mismo año en que se puso la quilla, y se radicó en Estados Unidos, donde creó la carrera de ingeniería naval de Virginia Tech y enseñó después en la Universidad de Michigan; en 1991 la sociedad de ingenieros navales de ese país le dio la medalla Webb por su aporte a la enseñanza. Su barco lleva 63 años navegando sin él.
El astillero que la construyó ya tenía oficio. Nació en los talleres de la Base Naval Río Santiago, que desde 1936 construyeron los rastreadores (buques barreminas) de la clase Bouchard, los primeros buques de guerra de porte diseñados y hechos en la Argentina, y después la patrullera King, botada en 1943, que más de ochenta años después sigue en servicio. En 1950 puso la quilla de la fragata Azopardo, en 1953 se convirtió en empresa del Estado y con la Libertad encaró su primer barco de diseño propio. Llegó a ser uno de los astilleros más grandes de América Latina, con 5.500 empleados en los años 70, sobrevivió a la privatización de los 90 por la resistencia de sus obreros, pasó a la Provincia de Buenos Aires y hoy sigue abierto con cerca de 3.000 trabajadores. Y sigue siendo la casa de la fragata: allí la pusieron a nuevo entre 2004 y 2007, allí la alistaron en febrero de este año antes de zarpar, y por esa experiencia la Marina italiana le confió cinco meses de mantenimiento de su propio buque escuela, el Amerigo Vespucci, entre fines de 2023 y marzo de 2024. El astillero que hizo la Libertad es hoy un lugar adonde otros países mandan sus veleros.
El Boston Teapot es el premio que le da nombre a esta historia. Lo entrega cada año Sail Training International, la organización internacional de la formación a vela, al buque que más millas recorre a vela pura en 124 horas seguidas, sin motor y con la mayoría de la tripulación en instrucción. No mide un instante de viento sino cinco días enteros de maniobra. La Libertad lo ganó por primera vez en 1966, al mando del capitán de fragata Ricardo Franke: en su cruce del Atlántico Norte desde Cabo Race (Canadá) hasta la línea Dublín (Irlanda)–Liverpool (Reino Unido), que hizo en 8 días y 12 horas, corrió 1.335 millas en 124 horas a 10,7 nudos (19,8 km/h). El príncipe Felipe de Edimburgo le entregó a Franke la tetera de plata, y esa marca recién fue superada en 1990. Después llegaron ocho trofeos más, el último en 2007.
El décimo es el de 2025. Entre el 6 y el 11 de septiembre del año pasado, en mitad del cruce entre Lisboa (Portugal) y Puerto Limón (Costa Rica), la fragata apagó los motores, puso la hélice en bandera (con las palas alineadas al eje, para no frenar) y navegó 985 millas a 7,95 nudos (14,7 km/h) de promedio, la mejor marca del año entre todos los veleros escuela. El capitán de navío Roberto Ariel Gestoso, comandante de aquel viaje, recibió la tetera en enero en Burdeos (Francia), y desde entonces está a bordo: viajó los 161 días de este viaje y se queda ahí hasta que otro velero la gane. Fue el primer Boston Teapot de la Libertad en 18 años, y la iguala con el buque escuela español Juan Sebastián de Elcano como el velero que más veces lo ganó.
La Libertad acumula más de un millón de millas navegadas, y en cada viaje embarcó una promoción entera de la Escuela Naval. Los guardiamarinas que bajaron el sábado por la planchada son la 54° camada que se recibe de oficial en sus cubiertas; el año que viene subirá la siguiente, y aprenderá a cazar y aferrar velas en el mismo aparejo donde aprendieron los de 1963. Un barco de 1956 sigue siendo el aula flotante de la Armada.
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